5+1: LA MEJOR OPCIÓN

El discurso del presidente Barack Obama ante la Universidad Americana en Washington, es la más autorizada, completa y sincera reflexión pública que se conoce, acerca del acuerdo nuclear alcanzado entre los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, con Irán, conocido como 5+1.

El convenio adoptado el pasado 14 de julio, fue negociado durante varios años por Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China, los cinco países con más experiencia en la materia, y Alemania; así como por la Organización de la Energía Atómica (OIEA), y está destinado a impedir que Irán cree capacidades para producir armas atómicas, a la vez que se le permite el uso pacífico del átomo.

Tal es la filosofía del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) adoptado en 1968 en plena Guerra Fría, y en zaga de la Crisis de los Misiles de 1962. Exactamente en la víspera de la efeméride del lanzamiento de la bomba atómica por Estados Unidos sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, el presidente norteamericano recordó que el acuerdo es resultado de un complejo ejercicio diplomático, mediante el cual se ha logrado frenar lo que podía ser una peligrosa nueva espiral en la carrera nuclear.

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) fue el primer compromiso global para detener la difusión de las armas atómicas. Según el acuerdo firmado por 113 países, los entonces poseedores de bombas atómicas, Estados Unidos, Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia, y China, se comprometieron a no ceder tales armas, así como tampoco la tecnología ni el material fisionable (uranio 235 o plutonio), para producirlas en otros países, mientras los estados no nucleares renunciaban a realizar investigaciones o gestiones para poseerlas.

El Tratado no pudo impedir que India (1974), Pakistán (1998), Corea del Norte (2006), Israel (Años 60), y Sudáfrica (presuntamente 1979), obtuvieran tecnología y material fisionable para fabricar bombas atómicas. Es obvio que esos países no podrían haber creado tales capacidades sin cierto género de tolerancia, cooperación, o complicidad de algunas de las potencias nucleares.

El cambio de actitud que ha propiciado la actuación conjunta frente a Teherán se debe a que si bien, mientras duró la Guerra Fría, las potencias nucleares occidentales estuvieron en permanente confrontación con Rusia y China, eran militarmente rivales, y se mantenían al borde la guerra, tales circunstancias se han modificado.

Por un giro de los acontecimientos mundiales, derivado de la desaparición de la Unión Soviética y la adopción por China de enfoques pragmáticos, alejados de las antiguas posiciones ideológicas, los factores que pueden dar lugar a una confrontación nuclear, están relacionados más con conflictos entre países tercermundistas y militarmente de segundo orden, que con contradicciones entre las grandes potencias.

De modo explícito, el presidente Obama recordó al Congreso y al pueblo, que una década atrás, por informaciones de inteligencia fallidas, errores de cálculo, y haber optado por soluciones militares, se precipitó la invasión y ocupación de Irak.

Ese conflicto, la más prolongada de las guerras libradas por Estados Unidos, costó miles de vidas norteamericanas, y probablemente un millón de vida árabes que también cuentan, billones de dólares, y la desestabilización del Oriente Medio. Se trató de una guerra impopular, sin héroes ni épica, y sin salida digna. En fin que no merecía la pena. Son lecciones difíciles de omitir.

El acuerdo, que asombra por el nivel de concertación alcanzado entre potencias, que como Rusia y China rivalizan con Estados Unidos y los otros tres signatarios en múltiples asuntos; es una alentadora señal de que las opciones diplomáticas, que dan oportunidades a la paz, por esta vez han prevalecido. Ojalá hubiera sido así en otros casos.

El presidente fue claro. No se trata de que Irán, como también pueden hacerlo otros cuarenta países, no esté en condiciones económicas y tecnológicas de producir armas nucleares, sino de establecer compromisos, salvaguardas y controles que lo impidan.

El compromiso adoptado no deja al estado persa militarmente indefenso, aunque tampoco le desata las manos. La imposibilidad de enriquecer uranio y obtener plutonio, y los controles a que sus instalaciones y programas serán sometidos, le impedirán acceder a las armas nucleares. Aun así, el potencial económico y militar convencional de que dispone, y el que pudiera desarrollar en el futuro, le confieren una fuerza abrumadora para los estándares de la región, incluso para Israel.

Por otra parte está acordado que, de intentar violar lo consensuado, Irán tendrá que vérselas no sólo con Estados Unidos, lo que puede ser letal, sino con las cinco grandes potencias nucleares del planeta, y con el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con los cuales se ha comprometido, y a cuya observación se somete. Se trata de argumentos que Israel y el Congreso de Estados Unidos no pueden desestimar.

No caben dudas de que para Estados Unidos, Europa, Rusia, China e Irán, y para la humanidad en su conjunto, el acuerdo es la mejor opción. Quienes no lo perciben así son Israel y algunos legisladores republicanos ultraderechistas que difícilmente pueden imponerse. No obstante la disyuntiva está planteada: hay acuerdo o hay guerra. Allá nos vemos.

La Habana, 08 de agosto de 2015