CALCULOS Y PLAZOS ERRADOS

Jorge Gómez Barata

MONCADA

Aunque funciona para la derecha que suele proclamar victorias estratégicas donde solo existen triunfos circunstanciales, en la izquierda internacional figura la tendencia a crear expectativas a partir de elucubraciones teóricas o situaciones coyunturales. Ello es notable cuando se relaciona con el capitalismo cuya “crisis general” fue proclamada hace más de 100 años. Esos enfoques, mezcla de subjetivismo, voluntarismo y triunfalismo no han beneficiado a su causa.

No pudieran contarse los análisis que calificaron insoluble la crisis iniciada en 2008, que con epicentro en los Estados Unidos se propagó por la economía mundial ni los llamados que instaban a las economías emergentes a renunciar al dólar, realizar el comercio, especialmente petrolero, en otras monedas y cambiar a euros, yenes o rublos las reservas en dólares.

Aunque la separan varios billones en el PIB y otros abismos, abundaron los pronósticos acerca del momento en que la economía china superaría la de Estados Unidos y se ponderaron al alza, hasta la exageración, las posibilidades de entidades como los BRICS. Así ocurrió también con algunos eventos políticos, entre otros, los Indignados en España y Ocupa Wall Street en Estados Unidos. Algo semejante acaba de ocurrir con las dificultades en la zona Euro y las maniobras de la izquierda griega en torno a Syriza

Los ponentes de estas y tras presunciones análogas que operan con la vieja mentalidad, según la cual, las crisis en los países capitalista pueden conducir a “situaciones revolucionarias”, deberán reconciliarse con la realidad, porque es evidente que las cosas no ocurrirán así, al menos en plazos previsibles.

Lo cierto es que, en la coyuntura mundial contemporánea, la estabilidad, el crecimiento económico y el progreso, que permite avances a veces discretos y graduales pero sostenidos e irreversibles, particularmente en América Latina, proporciona mejores oportunidades para los movimientos populares que el maximalismo y el radicalismo. El pragmatismo político, incorporado al accionar de la izquierda democrática en el poder, es más virtud que defecto. Con las crisis el movimiento popular casi siempre pierde.

El desplome de los precios del petróleo que en caída libre ha pasado de más de 100 dólares el barril a menos de cincuenta y que con el regreso de Irán a los mercados puede hundirse todavía más, fue el aviso de nuevas turbulencias, que esta vez no afectarían en idéntica medida a Estados Unidos y a Europa, sino a las economías llamadas emergentes.

La baja en los precios del petróleo favorables a China, no evitó la disminución de los ritmos de expansión (que pueden bajar más). La reducción del crecimiento de la economía china, la disminución de sus importaciones como consecuencia de la merma en los pedidos y su abaratamiento como resultado de la apreciación del dólar, conlleva un incremento de los inventarios, resta atractivos a la inversión extranjera y reduce la demanda de materias primas y productos semielaborados.

Probablemente lo más grave sea la revelación de que el crecimiento de las economías emergentes, principalmente en China, basada en la exportación y en la inversión externa y no en el mercado interno, está sustentada en un esquema inviable. En ese caso se trataría de un defecto estructural cuya corrección puede tardar décadas.

A las dificultades económicas reveladas recientemente y que para algunas ramas y países pueden resultar catastróficas, se suman graves problemas políticos como es el caso de Brasil, donde se asoma una crisis institucional, las desavenencias fronterizas y las reclamaciones territoriales que implican a varios países latinoamericanos, y complicaciones políticas como las que afectan a Rusia, que asume lo que puede ser otra ruinosa competencia armamentistas, mientras soporta los costos de la guerra en Ucrania y de la incorporación de Crimea.

Es evidente que en América Latina, la sostenibilidad del movimiento popular se asocia al desempeño económico que permite el progreso de las mayorías, a la estabilidad política y a la capacidad de convocatoria para captar el apoyo de las masas y el acompañamiento de las clases medias. Es preciso ganar tiempo, consolidar resultados y evitar que tensiones laterales aborten metas estratégicas. Allá nos vemos.

La Habana, 08 de septiembre de 2015