Chechenos en Boston

Miles de niños y jóvenes de todo el mundo emigran a Estados Unidos, y disfrutan de la hospitalidad de una sociedad habituada a acoger emigrantes, y otorgarles el beneficio de su estilo de vida. ¿Por qué dos de ellos, los hermanos chechenos Tamerlán y Dzhokhar Tsarnáev, de 26 y 21 años, torcieron el camino hasta ejecutar el atentado realizado el 15 de abril de 2013, durante el Maratón de Boston?

Con bombas caseras, extremadamente letales, fabricadas por ellos mismos, colocadas próximas a la meta de la competencia, que es donde más público se concentra; un dispositivo temporizador permitió a los autores calcular el momento de la explosión y la secuencia de la misma, para hacer el mayor daño posible.

Como resultado del atentado tres personas murieron, más de 200 resultaron heridas, y 14 requirieron la amputación de algún miembro. Durante la actuación policiaca fue ultimado Tamerlán, el mayor de los hermanos, mientras Dzhokhar, acaba de ser condenado a la pena de muerte.

Durante el juicio el acusado, que finalmente pidió perdón a las víctimas y a sus familiares, realizó constantes invocaciones a Dios y al profeta del Islam, sin poder explicar las razones que su hermano y él tuvieron para un atentado semejante. Una vez más el terrorismo de matriz confesional, tan injustificable como cualquier otro, rebela la criminal irracionalidad y la profunda frustración de quienes lo alientan y practican.

Fundada en 1630 por colonos ingleses, en la península de Shawnee, con otras localidades de Virginia y Massachusetts, Boston formó parte de los enclaves por donde comenzó la historia norteamericana. Allí tuvieron lugar los episodios iniciales de la revolución y la andadura que condujo a la independencia.

Aristocrática, católica y puritana, Boston constituye el más importante enclave académico del país, que incluye más 100 universidades y colegios. Allí se fundó la primera escuela pública, y Harvard, la más importante universidad del mundo. De allí es el más liberal de los clanes políticos americanos: los Kennedy.

Según se afirma, Boston es la ciudad con más puestos de trabajo por milla cuadrada en los Estados Unidos, y donde es más elevado el nivel de vida. En un tiempo fue la ciudad más poblada de Norteamérica. Durante dos siglos fue notoria por sus posiciones abolicionistas, y quince millones de turistas la visitan cada año. Con bajos índices de delincuencia y criminalidad, el terrorismo es ajeno a su historia y tradiciones.

Entre los eventos culturales la ciudad celebra, desde 1897, el Maratón de Boston, uno de los más importantes del mundo, en el cual participan atletas de diversos países, y que constituye una fiesta popular, especialmente para la juventud lugareña y los turistas. La competencia cuenta además con un capitulo femenino y otro para atletas discapacitados.

Precisamente contra ese evento atentaron estos fanáticos yihadistas que, según sus torcidas mentes, actúan en nombre de un Dios o de un profeta que los conmina a matar inocentes. No hay en ningún terrorismo y tampoco en el de matriz islámica, causa justa ni inspiración humana. Se trata de manipulaciones del fanatismo y deformaciones contrarias a la condición humana.

Matar inocentes y vengar nadie sabe qué no es un programa ni una opción, menos para la juventud ilustrada. Ojalá que la humanidad pueda contener tales tendencias. En ellos va la existencia y la felicidad. Allá nos vemos.

La Habana, 29 de junio de 2015