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EL ARBOL, MI HERMANO, LLEVA MI NOMBRE

VIVENCIAS

Maya y Emilio con el Abuelito

El método de investigación apreciativa aplicado a la construcción de la paz tiene entre sus instrumentos para descubrir valores y principios las vivencias. ¿Qué entendemos por vivencia? Es una experiencia de vida que cala muy profundo en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro espíritu; que permanece en nuestra conciencia y memoria y que al momento de tenerla genera en nosotros valores y principios positivos, permanentes, generadores de armonía, de paz.

A lo largo de los 12 años de estar facilitando talleres sobre los diferentes temas del Movimiento Mesoamericano de Paz, he escuchado muchas vivencias, algunas de ellas muy ricas, muy bellas y educativas. Quiero compartir con ustedes la siguiente que escuché en un taller sobre Tierra y Ecología en Panamá:

Doña Leonor es una maestra retirada, una mulata panameña muy agradable que ronda en los 65 años de edad. Todos su vida de trabajo la dedicó a los niños de kinder, a los más pequeños en un poblado muy pobre. La escuelita en la que enseñaba no tenía un campo para que los niños jugaran y lo hacían en el parque al lado de la iglesia, el cual se encontraba totalmente descuidado sin árboles y flores. Como era de suponer, los niños corrían, saltaban, gritaban y al final, todos sudados, parecían unos monitos llenos de lodo de la mezcla del polvo que levantaban y del sudor de sus cuerpecitos. El espectáculo no era nada agradable, causaba lástima; aunque le había presentado el problema al alcalde, este siempre le respondía con las mismas palabras: no tenemos dinero, el pueblo es muy pobre.

Un buen día, doña Leonor tuvo una buena ocurrencia. Viendo a los niños correr felices se dijo: yo puedo darle una solución a esta situación, llamo a las padres de familia a una reunión y les pido que contribuyan a mejorar el parque. Todo lo que necesitamos es unos cuantos arbolitos, plantas florales y césped. Los niños, aunque muy pequeños, pueden plantar el jardín que necesitan para su tiempo de recreo ayudados por sus padres.

Fijó la fecha para la reunión con los padres de familia, les explicó su plan de renovación del parquecito y los comprometió a que contribuyeran. El entusiasmo cundió en la escuelita y en el pueblo y llegado el día, cada padre de familia llevó con sus herramientas, los arbolitos, las matas florales y el césped. Aquello era una verdadera fiesta, los niños se encontraban más felices que nunca. Manos a la obra, todos comenzaron a sembrar lo que habían traído pero bajo una condición: los arbolitos iban a tener nombre, el nombre del niño, de la niña que lo había sembrado, el reconocimiento de que era su hermanito, su hermanita y la obligación de alimentarlo con agua y abono.

Pasaron los días, las semanas, los meses y los años y aquel parquecito era lo más bello que el pueblo tenía, algo sembrado en el corazón de la comunidad. Doña Leonor se jubiló muy feliz de haber cumplido con un sueño. Como homenaje por sus años de trabajo, el alcalde propuso que se le pusiera al parque el nombre de la maestra.

Doña Leonor acostumbraba todos los días a la misma hora, después de la siesta, ir al parquecito y sentarse en su rincón preferido, en un banco de madera muy bellamente labrado por el mejor carpintero del lugar. Un buen día, mientras sus ojos gozaban la belleza de las flores, miró que un joven llegaba al parque y se dirigía a unos de los árboles. Después de admirarlo con su vista y saludarlo, le dio un abrazo y un beso. Doña Leonor, llena de curiosidad se acercó al joven y le preguntó por qué abrazaba y besaba el árbol y él le respondió: porque es mi hermanito, se llama como yo, Fernando, lo sembré hace 20 años, cuando era niño. Asistía al kinder que tenemos enfrente y mi profesora, una mujer muy buena y bella, le propuso a nuestros papás convertir este lugar en un parque para que nosotros los niños jugáramos en un lugar bello y limpio.

Doña Leonor, emocionada y con las lágrimas a flor de sus ojos, en silencio le dio un abrazo muy apretado a Fernando y un beso en la mejía. Recuperada de su emoción le dijo: esa profesora de la que hablas soy yo, me llamo Leonor.