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EL PAPA FRANCISCO, SAN OSCAR ROMERO Y ARENA

La cultura tiene siete fuentes de abastecimiento que corresponden a siete instituciones de la sociedad, todas ellas íntimamente entrelazadas. Estas son: la familiar, la educativa, la simbólica, la lúdica, la religiosa, la económica y la política.

La familia no la podemos pensar sin los símbolos que la acompañan, sin la respuesta a las necesidades económicas, sin su relación con la política y así sucesivamente. Esto mismo lo podemos afirmar de cada una de las instituciones, inclusive de la religiosa, no importa si somos creyentes o no.

El 3 de febrero el Papa Francisco aprobó la beatificación de Mons. Oscar Romero, un paso necesario para su canonización, aunque no indispensable porque existe otro camino, la declaración de mártir por la fe. No solo católicos, sino personas pertenecientes a otras formas de creer e incluso ateos, nos hemos regocijado de la decisión tomada por el Papa.

San Oscar Romero tuvo enemigos solapados durante los años anteriores a su llegada a la Arquidiócesis de San Salvador el 22 de febrero de 1977. Tuvo enemigos encarnizados los últimos tres años y medio cuando decidió acompañar como profeta la causa de los oprimidos, pobres o no. Alguien hubiera podido pensar que con su muerte el 24 de marzo de 1980 todo iba a terminar. No fue así. Después de muerto tuvo también enemigos que ferozmente se oponían a su elevación a los altares. No solo dentro de la oligarquía, del ejército, sino también dentro de la misma jerarquía de la Iglesia Católica. Ha habido obispos que se han opuesto a su causa de beatificación acusándolo de tonto útil, de seguidor de la Teología de la Liberación como que si esta teología ha sido monolítica, no ha tenido escuelas.

La Teología de la Liberación parte de la realidad en el tiempo y el espacio que viven los oprimidos. Esta realidad está anclada, por lo tanto, en la historia. El teólogo profesional se pregunta si la opresión, la injusticia tal como se vive actualmente, es aceptable o no a Jesús de Nazaret. Es una teología centrada en el Jesús histórico quien vivió en su carne la opresión romana y de los Caifás, lo que le llevó a afirmar: “El Espíritu del Señor está sobre mi. El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres … para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Luc. 4, 18-19). El año de gracia significa el retorno de los bienes a quienes los han perdido. Algunos teólogos han hecho uso del análisis marxista de la realidad y eso pone los pelos de punta a gente como el Papa Benedicto XVI.

San Oscar Romero denunció los centros de poder económico y político existentes en El Salvador por opresivos, injustos, y a sus instrumentos de muerte: el ejército, los cuerpos de seguridad, los escuadrones de la muerte. San Oscar pidió el fin de toda violencia.

El Papa Francisco al igual que nuestro Arzobispo ha tomado como uno de los pilares de su misión de Pontífice la denuncia de la injusta pobreza existente en el mundo. En cierto sentido, se ha puesto en los zapatos de nuestro mártir. Al elevarlo a los altares, proféticamente nos pone un modelo a seguir para cumplir con la misión de Jesús. No creo que esta decisión haya agradado a ARENA, el partido fundado por Roberto D’Abuisson, padre de los escuadrones de la muerte y autor intelectual del asesinato de Mons. Romero, lo que está ampliamente documentado. ARENA a través de sus presidentes había logrado el que la Iglesia nombrara obispos afines a sus intereses. Recuérdese que el presidente es consultado para nombrar a un obispo.

La decisión del Papa invita a reflexionar. Se trata de una decisión eminente religiosa, basada en la fe cristiana, que conlleva el cuestionamiento político, económico de la realidad salvadoreña. San Oscar Romero no murió por ser un santo contemplativo, sino por la defensa que hizo de los pobres en todo el sentido de la palabra. ¿Qué va a pasar con ARENA? ¿Removerá de su santorum a figuras como su fundador? ¿Se alejará un poco del neoliberalismo?

Febrero 14, 2015