Erupción política en Guatemala en vísperas de elecciones

MONCADA

Guatemala, 22 ago (PL) Guatemala, tierra de volcanes, vive una erupción política, que estremece los cimientos del ejecutivo, tras conocerse el arresto de la exvicepresidenta Roxana Baldetti y la solicitud de antejuicio contra el mandatario Otto Pérez Molina.

La noticia le dio la vuelta al mundo a 16 días de la convocatoria a comicios generales, mientras reina la apatía entre los electores, luego de que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y el Ministerio Público (MP) destaparan más de 10 escándalos de corrupción en el cuatrimestre.

Una de las preguntas que muchos se hacen es si Pérez Molina renunciará en medio de la turbulencia generada por las revelaciones de la Cicig y el MP, entes que lo señalan de ser la cabeza de La Línea, red dedicada a la defraudación de millones de dólares en las aduanas.

El jefe de la Cicig, Iván Velásquez, detalló el organigrama de estructura delictiva, que distribuía el 50 por ciento del dinero para Pérez Molina y Baldetti, y la otra mitad para el resto de integrantes.

Algunos analistas consideran que el jefe de Estado dimitirá en breve, pero otros estiman que puede mantenerse aferrado al poder para ganar tiempo con el antejuicio y no enfrentar de inmediato un juicio político.

Lo cierto es que si no abdica, la poca credibilidad del mandatario se fue al piso después que investigadores analizaran documentos y escuchas telefónicas que lo involucran en La Línea.

Para hoy está convocada una nueva protesta frente al Palacio Nacional de la Cultura (símbolo del poder Ejecutivo en este país centroamericano) por decimoctavo sábado consecutivo para pedir su dimisión y la de los políticos corruptos.

Muchos fueron los que abandonaron el barco del gobernante Partido Patriota en este trimestre.

La primera en presentar su abandono del cargo fue Baldetti el 8 de mayo, y luego cayeron otros por efecto dominó.

Entre los dimitentes figuran los ministros de Gobernación (Interior) Mauricio López, Ambiente Michelle Martínez, dos titulares de Energía y Minas (Érick Archila y Edwin Rodas) y el secretario general de la Presidencia Gustavo Martínez.

Este último, quien también es yerno del gobernante, fue arrestado el 9 de julio por autoridades del Ministerio Público y la Policía Nacional Civil señalado por los delitos de asociación ilícita y tráfico de influencias.

Otro detenido por una causa diferente fue el exsecretario privado de la Presidencia Juan de Dios Rodríguez, nombrado por Pérez Molina como presidente de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

Rodríguez está involucrado en la firma de un millonario contrato anómalo entre el IGSS y la farmacéutica Pisa.

Afectados denunciaron ante el MP la muerte de varios pacientes renales del IGSS, que recibieron los servicios de hemodiálisis brindados por Pisa.

Mediante interceptaciones telefónicas se determinó que presuntamente se cobró a la droguería entre el 15 y el 16 por ciento de comisión por el otorgamiento de ese contrato suscrito por 116.2 millones de quetzales (15.1 millones de dólares).

Respecto al primer caso destapado por la Cicig y el MP, conocido como La Línea, hasta ayer se pensaba que el cabecilla era el secretario privado de Baldetti, el aún prófugo Juan Carlos Monzón.

A más de cuatro meses de girarse una orden de captura en su contra, las autoridades desconocen su paradero.

Muchos se cuestionan cómo es tan difícil arrestar a quien fuera la mano derecha de la exvicemandataria.

Mientras tanto, Pérez Molina decidirá si sigue o no al frente de un país, donde cuenta con solo un 12 por ciento de aprobación de su gestión, según una encuesta elaborada recientemente por la empresa Prodatos.

Las elecciones generales están al doblar de la esquina, y lo que ocurra de aquí al 6 de septiembre será crucial para el futuro inmediato de esta nación centroamericana de riqueza y pobreza extremas.

Seguramente las palabras del exmandatario uruguayo José Mujica, expresadas aquí el martes durante el VI Foro Regional de Esquipulas, resuenan en los oídos de los políticos corruptos: "lo que los pueblos no toleran es que los estafen".

ro/rsm