Las cosas buenas

A menudo las cosas buenas pasan desapercibidas. Es el caso de algo grande y esperanzador que sucedió ayer en el Pulgarcito de América, sin duda, la mejor respuesta al problema de violencia que agobia al país en esta hora. En un sencillo gesto que quedará marcado en la historia: el Presidente de la Asamblea Legislativa, diputado Sigfrido Reyes, acompañado por representantes de las Alcaldías de Aguilares, El Paisnal, Suchitoto y San Pablo Tacachico y de las ONGs UCRES y CORDES, presentó una pieza de correspondencia y anteproyecto de Ley para la creación de la Universidad Nacional Rutilio Grande en Aguilares, de carácter público y gratuito. Esta forma parte del Programa “Una mesa común para todas y todos”, cuyo objetivo es impulsar el legado del padre Rutilio Grande, a través de la generación de espacios educativos y espirituales, en que los hombres y mujeres que han estado marginados, especialmente en la zona rural, tengan acceso a un desarrollo humano y profesional que contribuya al progreso equitativo en El Salvador. Esta iniciativa, en el contexto de preparación para celebrar la beatificación de Mons. Romero, es un signo luminoso de esperanza y de vida para la población salvadoreña. ¿Qué duda cabe que esta beatificación, así como la del p. Rutilio Grande, cuyo proceso canónico inicio hace algunos meses, traen al país vientos de novedad y esperanza? Sus voces, siempre actuales, serán el faro que oriente el rumbo certero de esta patria, que tan dolorosamente va superando sus desórdenes y desequilibrios.

Actualmente la población con acceso efectivo a estudios universitarios representa exclusivamente un 8.3% de la población joven. Mientras que el 91.7% no tiene acceso. Para el año 2013 la escolaridad promedio a nivel nacional es de 6.6 grados, si bien a nivel de área se presentan diferencias, ya que la escolaridad promedio es de 7.7 grados para el área urbana y 4.7 para el área rural, siendo esta la que está por debajo del promedio del país. (EHPM 2013, pg.7). Más aún, de las 186,518 personas que accedieron al estudio universitario en el año 2013, sólo 19,954 pertenecen al sector rural, que cuenta con una población total de 2,374,708 habitantes, de los cuales 848,540 se encuentran entre las edades de 15 a 34 años. Lo que quiere decir, que únicamente el 2 % de la población rural del país tiene acceso a la educación superior universitaria. Mientras que un 98 % de la misma queda excluido. He aquí el motivo del presente proyecto.

La falta de cobertura del sistema educativo, junto al incremento de la tasa de desempleo son parte de la explicación del por qué hay delincuencia. No debemos olvidar que al no asistir a la escuela y no tener empleo los jóvenes entre 14 y 25 años sin los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas, se convierten en potenciales miembros de los grupos delictivos.

La Universidad Nacional Rutilio Grande, como propuesta de prevención de la violencia y desarrollo integral, proyecta ofrecer a unos 10.000 alumnos y alumnas el acceso a 42 carreras distribuidas en seis facultades, con énfasis en:

ü La formación Agropecuaria y Agroindustrial como ejes de desarrollo productivo integral de la zona norte del país para lograr la soberanía alimentaria.

ü La visión humanística para retomar la identidad y memoria histórica, que ofrezca a las nuevas generaciones un encuentro con sus raíces étnicas y culturales. Todos los pueblos anhelan el respeto a su identidad, a su cultura y su historia. En América Latina se ha sufrido desde la conquista mucho atropello a las expresiones culturales. Urge aprender la lección del respeto a toda manifestación de la identidad y la historia de nuestros pueblos.

Pero ¿quién es Rutilio Grande?, preguntarán los jóvenes, destinatarios de esta nueva Universidad. Rutilio nació el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, El Salvador, hijo de una familia campesina. El menor de seis hermanos, a los 4 años pasa al cuidado de su abuela Francisca. Con 12 años entró en el Seminario y en 1945 en el noviciado de los jesuitas en Venezuela. Regresa a San Salvador, como subprefecto del Seminario en los años 1951-1953. Viaja a España, donde estudia Filosofía y Teología. En 1965 regresa al Seminario como prefecto y profesor de teología. En estos años, además de iniciar su amistad con Mons. Romero, inaugura una práctica de más participación con los seminaristas y promueve un nuevo estilo pastoral. Su denuncia valiente de las injusticias en la homilía de las fiestas patronales de 1970 le obliga a salir del seminario. Viaja a Ecuador, donde estudia pastoral y conoce a Mons. Proaño. Es entonces cuando hace su “opción primaria y fundamental”: servir a las mayorías populares en el proceso de su liberación, por medio del evangelio. En 1972 asume la parroquia de Aguilares. El equipo se traza una meta: “la evangelización con vistas a recrear una Iglesia de comunidades vivas de hombres y mujeres nuevas, agentes de pastoral, y conscientes de su vocación humana a convertirse en gestores de su propio destino, que los llevaría al cambio de la realidad”. En esos años promueve las comunidades en torno a la lectura de la Biblia y forma un equipo amplio de líderes comunitarios.

Sólo un mes antes de morir, en su homilía de Apopa, pronunciará sus palabras programáticas: “El mundo material es para todos sin fronteras. Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta Eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el “con qué”... La construcción del Reino que es la fraternidad de una mesa compartida.” (Rutilio Grande, 13/2/1077). Rutilio, junto con dos acompañantes, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, son asesinados un 12 de marzo de 1977. Su muerte provoca un cambio radical en Mons. Romero, el cual dijo estas palabras: “Tenemos en El Paisnal un jesuita mártir, su tumba es gloria de la Compañía de Jesús y es gloria de la Iglesia… Abrámonos a los horizontes de la fe, creamos como creía el padre Grande, prediquemos una doctrina liberadora de la Iglesia con esas perspectivas que no se mueren cuando lo matan a uno, sino que quedan flotando sobre la muerte para seguirse encarnando en aquellos que vienen detrás… Hemos venido… a la tumba también del padre Grande y sabemos que en él palpita el espíritu del Señor. Su memoria es esperanza para nuestro pueblo.” (Mons. Romero, 5/3/1978)

En esta hora en que urgen respuestas reales y efectivas al problema de la violencia, en que cada semana caen asesinados impunemente en nuestras calles decenas de jóvenes, todos ellos de origen humilde, urgimos y animamos a todo el país a urgir a la Honorable Asamblea Legislativa a que apruebe este proyecto de ley a la brevedad posible. Y desde hoy iniciamos la campaña pro-construción de la Universidad Nacional Rutilio Grande: “Lo invertido en Educación, se ahorra en Seguridad. Yo firmo por la Educación para todos.” Así invitamos a toda la población a firmar para pedir a la Asamblea Legislativa la pronta aprobación de esta ley.