REGLAS Y DESARREGLOS

La historia da la razón a los líderes, científicos, organizaciones de Naciones Unidas y entidades que califican a la educación como la inversión más rentable y la base del crecimiento, el desarrollo económico y del progreso en su conjunto. En los países del socialismo real la regla se matizó, también en Cuba.

Al comentar un informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA)* a cargo de la Organización para la Cooperación y el desarrollo (OCDE) de 2014, Eric Hanushek, profesor de la universidad de Stanford, autoridad mundial en temas de educación y desarrollo, en entrevista para BBC Mundo afirmó:

"El futuro de América Latina depende de lo que ocurra en sus colegios". Ello según Hanushek se debe a que. “…El mundo se mueve hacia economías basadas en el conocimiento en las cuales el desarrollo dependerá del llamado capital de conocimiento…"

Según el mencionado informe, entre 71 países, en los cuales se examinaron unos 10 000 estudiantes, los cinco primeros fueron asiáticos: Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Japón y Taiwán. Setenta años atrás, todos, excepto Japón, arruinado por la II Guerra Mundial, eran subdesarrollados, algunos colonias y otros como Corea del Sur, fue afectado por dos guerra sucesivas, ambas devastadoras.

La otra cara de la moneda la ofrece América Latina, que nunca ha logrado ubicar ningún país por encima del lugar 45. En 2012, entre 61 estados, México, el latinoamericano mejor colocado, alcanzó el lugar 48 en lectura, el 49 en matemáticas y el 51 en ciencias.

La educación hace milagros, pero con ella no basta, tampoco con el mercado ni con ambos juntos. Se necesitan además modelos y políticas económicas racionales y eficientes, en los cuales el sector social y el privado, así como la inversión extranjera se complementen, marchen juntas la gran industria y las pequeñas y medianas empresas, todo ello regido por estados fuertes que en democracia, dicten legislaciones apropiadas, propicien un clima de orden, promuevan el bien común, impongan la justicia social y ejerciten el buen gobierno. La suma hace la diferencia.

Como parte de la obra social de la Revolución Cubana, bajo la atinada dirección personal de Fidel Castro, a lo largo de más medio siglo se desplegó uno de los mayores, inclusivos y eficaces programas educacionales del mundo, sin que ello se refleje en la medida que podía esperarse en indicadores como productividad del trabajo, innovación, eficiencia, rentabilidad y otros marcadores económicos en los cuales, la calificación de la fuerza de trabajo y de los directivos incide directamente.

Ello se debe a que, en materia de desarrollo, no todo depende de la calificación de la fuerza de trabajo y de la competencia de los directivos, sino de la idoneidad del modelo económico que es el escenario donde los especialistas ponen en práctica y realizan sus conocimientos.

La rigidez del sistema económico estatizado, basado en la planificación y la dirección centralizada, operado voluntaristamente mediante empresas estatales y sometido a monopolios que administran el comercio interior y exterior, dictan normas, fijan precios, deciden sobre los salarios, succionan los lucros de las empresas, fijan sus planes, aprueban las inversiones, asignan recursos y nombran sus directivos, impide que la calificación profesional y técnica se exprese en resultados económicos.

No existe ejemplo más elocuente que el del sector agropecuario y azucarero cubano en el cual miles de ingenieros, licenciados, masters, doctores y técnicos de todas las especialidades, apoyados con maquinaria, fertilizantes, sistemas de riego e infraestructura razonablemente apropiada e instituciones de investigación, se esfuerzan sin lograr resultados coherentes con la calificación de los operadores y de los directivos.

Por otra ruta, algunos proyectos, asociados a la biotecnología y la industria farmacéutica, en los cuales la gestión se aparta de la rigidez burocrática, aproximándose a criterios más modernos, marcan la diferencia al obtener resultados relevantes que también se alcanzan en entidades mixtas con gerencia foránea y reglas especiales, donde la fuerza de trabajo nativa responde a exigencias que no asoman en la empresa estatal socialista.

Los reiterados reveces económicos, el habitual incumplimiento de metas y objetivos y la incapacidad para utilizar con eficiencia los recursos financieros, tecnológicos y humanos asignados, reflejan que un sistema económico ineficaz puede dilapidar los esfuerzos educacionales.

Al reorientar el modelo económico y “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, las autoridades cubanas podrán lograr que el esfuerzo educacional rinda los frutos esperados. Allá nos vemos.

La Habana, 16 de mayo de 2015