SIRIA: SOLUCIONES Y ERRORES A LA VISTA

MONCADA

Quien quiera fracasar, haga lo que otros fracasados hicieron. Entre otras cosas enviar escuadrillas de aviones de impresionantes cualidades combativas, eficaces para la guerra área, el apoyo a tropas que luchan en el terreno, o los bombardeos de precisión, aunque tan inútiles para la lucha antiterrorista como los paraguas en los naufragios.

Cualquier cadete sabe que los métodos de la guerra convencional son ineficaces para combatir al terrorismo, y todos los terroristas comprenden el inverso: con sus métodos y sus medios pueden aterrorizar a millones de personas, incluso poner en jaque a los Estados Unidos, pero no tomar ciudades, controlar instalaciones militares, operar formaciones de tanques ni concentraciones de artillería. Excepto que circunstancias locales y apoyo externo los auspicien y se lo permitan.

El avance terrorista es proporcional a la debilidad de los gobiernos, las instituciones y las fuerzas armadas nacionales, que son incapaces de contenerlos. Aunque en algunos países de Europa y Asia, como Italia, Alemania y Japón, además de Líbano, Egipto, Túnez, Indonesia, India y Pakistán, en diferentes momentos y con distintas matrices, el terrorismo ha brotado con fuerza, no hay una sola democracia, en ninguno de los continentes donde ese flagelo se haya establecido y convertido en endémico. Ello sólo ha ocurrido en el Oriente Medio. ****

A estas alturas, después de los errores que al destruir o debilitar las estructuras de poder, las fuerzas armadas y los organismos policiacos, y alterar los equilibrios religiosos en Irak, Libia, Yemen y Siria, condujeron a vacíos de poder, creando espacios que fueron ocupados por la anarquía y el terrorismo; las únicas opciones son políticas.

Aunque no existen recetas infalibles, las fórmulas para las soluciones que han de ser integrales, (sin excluir componentes militares y de seguridad), y consensuadas, deberían tomar en cuenta las circunstancias reales presentes en Irak, Siria, Libia y Yemen. Ante todo sería imprescindible y urgente establecer qué entienden Estados Unidos, la OTAN, Rusia y China por “solución”, y a partir de ese entendido, realizar un esfuerzo serio, concertado y vinculante.

En cualquier esquema, lo más importante sería entender que toda solución tiene que ser nacional, por lo cual, en el caso de Siria, debe comenzar por definir si con Assad o sin él, e instalar un gobierno nacional inequívocamente laico, fuerte, creíble y respaldado internacionalmente, al cual se le ayude y se le apoye, incluso con efectivos militares, incluyendo tropas que operen bajo el mando, la bandera y la fiscalización de la ONU.

Lo que no va a ocurrir es que con la intervención de las potencias o de coaliciones al margen de esfuerzos multilaterales, o la intervención de países aislados, se registren avances sustantivos sin contar con los gobiernos locales, o trabajando con administraciones débiles y carentes de capacidad para un desempeño soberano y un mínimo de autoridad.

Lo que ocurre en Siria e Irak no es que las huestes del Estado Islámico sean invencibles ni indetenibles, sino que las ciudades, poblados, campamentos, bases militares, y estaciones de policía son sumamente vulnerables, porque están mal defendidas por efectivos y mandos que, al margen de su preparación combativa, carecen de convicciones y motivaciones, se repliegan, se entregan, o se pasan a los atacantes.

Ello explica por qué sin grandes concentraciones de tropas, sin aviación, escasa artillería, pocos blindados y excesos de crueldad, los efectivos del Estados Islámico, mediante tácticas terroristas e irregulares, ante las cuales las operaciones convencionales son ineficaces, amedrentan a efectivos y pobladores, obteniendo resultados que parecen éxitos relevantes.

Los recientes partes rusos de operaciones aéreas, idénticos a los norteamericanos y de la OTAN, refieren ataques a almacenes de municiones, combustibles, centros de mando, campos de entrenamiento, caravanas de vehículos y nudos de comunicaciones. Raras veces se mencionan concentraciones de tropas, (porque no existen), ni apoyo o confrontación a las operaciones en tierra, porque no las hay.

Es difícil comprender por qué estando de acuerdo en la necesidad de frenar la peor versión de terrorismo islámico, Estados Unidos, Rusia, China y las potencias integrantes de la OTAN no puedan ponerse de acuerdo, y más que colaborar para encontrar soluciones a los problemas de Siria, Irak, Libia y Yemen, compiten.

La idea de crear una coalición bajo el auspicio y el mando de la ONU no debería caer en saco roto.

La Habana, 03 de octubre de 2015