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TRES MODERNIZACIONES

Desde 1959 Cuba no había vivido una coyuntura tan esencial y auspiciosa como la actual cuando, sin ataduras, con independencia, solvencia y respaldo, encara tres modernizaciones: (1) Actualización del modelo económico. (2) Perfeccionamiento del sistema político (3) Inserción en los circuitos de la economía global y en las corrientes del progreso económico y tecnológico.

El más avanzado de esos esfuerzos es la “Actualización del modelo económico” que se encamina a una economía mixta, que junto al sector público, incluirá nuevos protagonistas como el capital extranjero, los pequeños y medianos empresarios nacionales a punto de debutar, las cooperativistas y los trabajadores por cuenta propia. En su momento habrá espacios para los criollos de ultramar.

En conjunto con otras opciones, como el auge del turismo y el acceso a fuentes crediticias, ese esquema que favorecerá la elevación y diversificación de la producción y la productividad del trabajo, el aumento de las exportaciones y el rendimiento de la tierra, deberá aportar recursos para financiar el crecimiento y el desarrollo.

Entre otros efectos, los cambios en curso introducirán mutaciones en las políticas monetarias, cambiarias y crediticias, así como regulaciones fiscales. La planificación centralizada y la fijación de prioridades regirán sólo para el sector público, y se reducirá la responsabilidad del estado en la generación de empleos y en la fijación de los salarios, que excepto el mínimo, dependerán de mecanismos asociados al mercado laboral.

Una mayor solvencia y oferta de mercancías conducirá a la elevación del consumo, y al florecimiento del mercado interno. La modernización de las telecomunicaciones y la introducción masiva de INTERNET facilitará el acceso a conocimientos, informaciones y al comercio electrónico. Las técnicas de gerencia y administración se renovarán, contribuyendo al orden, la organización e incluso a frenar la corrupción.

La segunda línea se inició en 1992 cuando se reformó la Constitución de la República para reconvertir el estado de ateo a laico, e introducir el voto directo en la elección de los diputados. En su momento, esa opción será retomada para perfeccionar las estructuras estatales y el sistema político en dirección a la democratización de la sociedad, la elevación y la calidad de la participación social, y el protagonismo de la sociedad civil. La mayor autonomía de las empresas estatales y la independencia en la gestión de los territorios tendrá una influencia difícil de subestimar.

Ese proceso que, además crea la infraestructura jurídica para la siguiente etapa, como ha señalado el presidente Raúl Castro, requerirá de una reforma constitucional y una nueva ley electoral en la que ya se trabaja. En conjunto, parecen viables avances hacía la jerarquización del parlamento, mejor diferenciación y, probablemente, separación e independencia de los poderes del estado, cosa que forma parte de la tradición constitucional y de la cultura política del pueblo e influirá en la modernización de los mecanismos para la toma de decisiones.

El tercer elemento es resultante de los dos primeros, y de los imprevisibles, amplios y multilaterales efectos del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el desmantelamiento del bloqueo, y la exclusión del país de listas en las que fue injustamente incluido, entre ellas, la infamia de haber inscripto a la Isla entre los patrocinadores del terrorismo.

La marcha de estos procesos, aunque delicados, positivos, será más fluida, expedita y fecunda en la medida en que sean favorecidos por decisiones y políticas de la dirección cubana, para impulsarlas y para vencer la resistencia que surja de factores locales o externos. Obviamente, cualquier maniobra para obstaculizarlas daña al país.

Por primera vez Cuba puede encarar el desarrollo de un modo coherente y eficaz, y sin los obstáculos externos e internos, reales y artificiales que en el pasado se levantaron. El fin del bloqueo relanza la economía y complace al Santo Padre cuando dijo: “Que el mundo se abra a Cuba y Cuba al mundo”.

Como recientemente se evidenció en las conversaciones en Washington, el viento sopla a favor y los que están al timón tienen claro el rumbo y el destino. Allá nos vemos.

La Habana, 01 de marzo de 2015